Condena
Un día, susurré a tu oído que, jamás amarías un corazón roto, sonriendo dijiste que todo estaría bien. ¿Al fin mi alma hallará amor? Cuestioné inocente, pero los ángeles mienten para mantener el control. Nosotros, los caídos, solo observamos desde el fondo del abismo esperando, quizá rogando, una oportunidad. Junté las piezas para envolverlas y hacerte el obsequio de mi amor, pero una lágrima corrió por tu rostro y la decepción te llevó. Aunque poco, dí todo, aunque enfermo, con mi último aliento, alegre y con un toque de ilusión en la mirada, te entregué los trozos que guardaba con miedo, ya sé que nunca fue suficiente, nunca he sido suficiente. El cielo se oscureció cuando tu perfección fue derrocada, me arrodillé en la penumbra para consolar tu alma, y luego, sin reparo, sonriente me observaste junto a las sombras que aún no logro ver ¿Es tu victoria o tu derrota lo que te complace?