Entradas

Ciudadanía inmortal

 Cadavérica expresión, no he podido escapar de tus fauces. Entre sombras e hilos se mueve el mundo que nos rodea, y tú destrozas todas mis carnes sin ninguna contemplación. En la oscuridad sobreviví, añorando vanamente la humanidad, para salir a la luz. Oh, amada luz, llévame a vivir en tus tiernos dominios, porque este oxígeno pone en agonía cada célula. Dame nuevamente de tu paz y hazme rendir, para no existir más en este fatigoso traje. Soy fugaz, inferior a cualquier estrella del firmamento. Refrescante frío del sepulcro, rodéame y alivia mi ser. Deja que mi decrépita piel se pudra en tus brazos. Hazme soñar eternamente, lejos de aquí. Siempre pertenecí a ti, y ahora no soy más que una extranjera a quien nadie soporta mirar.

Silencio

 Silencio. No abras tu boca. No generes ondas de sonido con tu alma rota. Silencio. No gimas, no llores; no sea que, con un suspiro, maltrates o dañes. Silencio. No pienses, no indagues, no existas, no sientas; por favor, no hables. Sí, muere. Silenciada, no molestes; nadie quiere ver la agonía de una tonada. ¿Qué ocurre? Ya no hablas; grita y canta tus sonrisas, y danza una balada. Solo hermosa, solo dulce, solo perfecta: ve y existe. No hay espacio ni tiempo para una deformada. Ponte la máscara y no incomodes con tu amorfa forma desgastada.

Alquimia visceral

 Cuando escribo poesía, paso de ser una exagerada a una artista. Como válvula de escape, es este mundo de letras: voy y vengo en trenes de versos sin rima, sin orden, sin medidas. Mi alma extraña tiene un hogar cuando traduce su dolor a palabras bien articuladas. El rechazo es mi constante, hasta que con una pluma enfrento al mundo y su inconstancia. Paso días y piso letras cuando la fuerza me abandona. Quizá deba vivir así: estampando el horror de mi alma en lindas palabras, para no asustar a nadie, para ocultar la joroba que todos consideran asqueante. Cualquiera diría que un poema es un makeup completo. Sin embargo, es como un desagüe al que se acude cuando se vive y muere al mismo tiempo. Un compás desajustado es aquel que empuña el lápiz. Un enfermo desquiciado, creador de bellos mundos, es el escritor que inventa a través de un teclado. Hoy estoy escapando, sin miedo a ser juzgada, pues cualquiera que esto lea pensará que solo es arte, cuando en realidad es un grito horrible ...

Necia Cenicienta

El más suave pétalo no se compara con su amor. La calidez de su alma, casi cercana al dulce hogar del cual venimos. Cuán entrañables son sus caricias y su voz, como melodía, sumergida en su universo de ternura, refresque mis amores. Pero este vestido tan roto, estas zapatillas perdidas, aquel carruaje sin caballos… y yo, aquí, tan empolvada en miserias de un ayer sin nombre. Con susurros o gritos atiendo sus llamados. No sé existir en su mundo: mi nado rústico no encaja en aguas tan tranquilas. Pero este amor vence mi orgullo, y con gusto me ahogo para asesinar mis cenizas. Necia soy al negar, una vez más, la imposibilidad de mi alma. En este absurdo frenesí espero sucumbir mis defensas; que el Creador me renueve y que no quede nada de mi necia Cenicienta.

Abstinencia

Mi amado y enmascarado puñal, uno a uno, tus pétalos caen, dejando al descubierto, lentamente, el filo de tu reluciente metal letal. Soporto la profundidad de tu herida como la más valiente guerrera. ¿Por qué solo soy capaz de ver la laceración, cuando la triste carmesí se derrama? No percibo el ácido olor de tu proximidad  el dulce embrujo que nace de tu boca,  te pone ante mis ojos como inofensiva rosa cuyas espinas no dolerán más allá. Agonizante, después de tu golpe certero, la última gota se derrama de nuestro cáliz,  mientras tú ríes, te discierno en la oscuridad, mis párpados dan su último abrazo  La muerte me arrulla en sus fríos brazos de descanso. Quédate celebrando, sonríe hasta el final, has logrado finalizar el aliento de quién vio tu metal brillar y como rosa te quiso mirar.

Un veneno: falsedad

 He visitado un planeta que no existe, con montes color rosa y cielo de marfil. Sus noches, cálidas; las piedras, de algodón. Creí ostentarlo, creí entenderlo, pero solo era ilusión. Navegué, pero las nubes de cristal me cortaron el paso al andar. Me perdí en los bosques de litio, naufragué en las aguas de cianuro, y desperté viva en un campo de juglar. ¡Qué planeta inexistente tan peculiar! Hoy me queman las ansias de volver a ese lugar, pero ¿cómo frecuentar lo que no se puede mirar? ¿Cómo es que, en un sitio sin forma, pude transitar? ¿Habrá en algún universo otro mundo irreal? Me he cansado de los viajes sin senderos para andar. Prefiero los montes verdes, aunque las piedras me hagan tropezar.

Condena

Un día, susurré a tu oído que, jamás amarías un corazón roto, sonriendo dijiste que todo estaría bien. ¿Al fin mi alma hallará amor? Cuestioné inocente, pero los ángeles mienten para mantener el control. Nosotros, los caídos, solo observamos desde el fondo del abismo esperando, quizá rogando, una oportunidad.  Junté las piezas para envolverlas y hacerte el obsequio de mi amor, pero una lágrima corrió por tu rostro y la decepción te llevó. Aunque poco, dí todo, aunque enfermo, con mi último aliento, alegre y con un toque de ilusión en la mirada, te entregué los trozos que guardaba con miedo, ya sé que nunca fue suficiente, nunca he sido suficiente. El cielo se oscureció cuando tu perfección fue derrocada, me arrodillé en la penumbra para consolar tu alma, y luego, sin reparo, sonriente me observaste junto a las sombras que aún no logro ver ¿Es tu victoria o tu derrota lo que te complace?