Entradas

Abierta

 Madre, perdona mi existencia. He sido una ruin carga, como un saco de pus que duele profundamente. Solo aspiro a que, con mi adiós, tus heridas puedan dejar de doler. Como preciosa ave que pudo ascender al firmamento fuiste, hasta que mi nacimiento, como crudo derramado, manchó tu vida, quemando toda posibilidad de alegría. Si pudiera devolverte cada instante, lo haría. Padre, creo que he salido de tus vísceras. Asqueante y supurante, me arrastré a tu vida perfecta, manchándola de suciedad y terribles llagas. Entorpecí cada uno de tus pasos hasta llegar a este punto decrépito y perdido. La imposibilidad de remediar el daño ya causado me atormenta sin cesar. Toma mi vida en tus manos, si en algo podría compensar la maldad de mi respirar. El buen Señor del cielo no ha de reprenderlos si con mi vida deciden terminar, pues ¿cómo es que el buen Padre podría acusar a unas buenas almas si con la peste quieren terminar? No tengan miedo, pues yo también anhelo con esta agonía asfixiante te...

Hogar, triste hogar

 Las palabras brotan en borbotones. El tiempo acumuló el río de emociones, que, caudaloso y estruendoso, nació en mi interior, sin que pudiera contenerlo. El silencio parece ser la más cruel celda; sus rejas de agravio e indiferencia son más fuertes que cualquier hierro, y sus guardas están por doquier. Mis palabras parecen estar hechas de arsénico; mi existencia, similar a una enfermedad contagiosa. Mi cuarentena debe ser eterna; habitaré cerca del vacío, donde reine el secreto. Vagaré por la tierra como criatura sin nombre, sin habla, sin mente, sin pensamientos. Se ha hecho oneroso sentir o expresar, y mi pequeño refugio, sigiloso, se encuentra entre líneas.

Campo de flores

 El viento mece mi rama, la estremece, la agita. La comisura de sus labios se curva cruelmente, como si quisiera diluir la vista. El olor que hay en el aire es tan familiar que me asusta. Soy como un ave que ve cómo se avecina la desgracia, pero con las alas rotas no hay hacia dónde volar. Se repite incesantemente la historia; es como un absurdo bucle del que no sé escapar. Ahora todo se oscurece, y qué mejor que oscurezca, porque nunca pude existir en medio de la luz. La oscuridad es el hogar frío en el que puedo respirar, mientras que la luz que hay en mí existe nítida, cristalina, radiante, inmutable, eterna, perfectamente protegida. Pobre de mí, cuando creí que aventurarme en los campos de flores me haría sentir un cálido rayo de sol en el alma. No entendí el horror que provocaría en aquellos aparentemente bellos seres; mis ojos tan nublados nunca pudieron verlos. La vida, tan sabia y mesurada, siempre me advirtió, a través de su rechazo, que mi lugar estaba en la sombra, danza...

Espuma

 Si pudiera entregarte mi corazón, lo haría, para que camines con ese viejo traste y recuerdes, a veces, que alguien te amó. Pero así no me dolería tanto el pecho, porque no cargaría con este peso, este peso que me hace llorar, porque mis sueños me sepultaron. Qué bueno que juntos encontramos tantos cuentos; los seguiré viendo para creer que vivo en ellos, y cuando me sienta sola recordaré que Dios me dio tanto, solo para verme sonreír un día, sonreír de verdad. ¿Recuerdas que debías quererme para siempre? Porque, si no, me convertiría en espuma del mar. Entonces, si un día me extrañas, búscame allá, entre la espuma del mar. Seguro tendré miedo de flotar en esa inmensidad tan sola.

Ciudadanía inmortal

 Cadavérica expresión, no he podido escapar de tus fauces. Entre sombras e hilos se mueve el mundo que nos rodea, y tú destrozas todas mis carnes sin ninguna contemplación. En la oscuridad sobreviví, añorando vanamente la humanidad, para salir a la luz. Oh, amada luz, llévame a vivir en tus tiernos dominios, porque este oxígeno pone en agonía cada célula. Dame nuevamente de tu paz y hazme rendir, para no existir más en este fatigoso traje. Soy fugaz, inferior a cualquier estrella del firmamento. Refrescante frío del sepulcro, rodéame y alivia mi ser. Deja que mi decrépita piel se pudra en tus brazos. Hazme soñar eternamente, lejos de aquí. Siempre pertenecí a ti, y ahora no soy más que una extranjera a quien nadie soporta mirar.

Silencio

 Silencio. No abras tu boca. No generes ondas de sonido con tu alma rota. Silencio. No gimas, no llores; no sea que, con un suspiro, maltrates o dañes. Silencio. No pienses, no indagues, no existas, no sientas; por favor, no hables. Sí, muere. Silenciada, no molestes; nadie quiere ver la agonía de una tonada. ¿Qué ocurre? Ya no hablas; grita y canta tus sonrisas, y danza una balada. Solo hermosa, solo dulce, solo perfecta: ve y existe. No hay espacio ni tiempo para una deformada. Ponte la máscara y no incomodes con tu amorfa forma desgastada.

Alquimia visceral

 Cuando escribo poesía, paso de ser una exagerada a una artista. Como válvula de escape, es este mundo de letras: voy y vengo en trenes de versos sin rima, sin orden, sin medidas. Mi alma extraña tiene un hogar cuando traduce su dolor a palabras bien articuladas. El rechazo es mi constante, hasta que con una pluma enfrento al mundo y su inconstancia. Paso días y piso letras cuando la fuerza me abandona. Quizá deba vivir así: estampando el horror de mi alma en lindas palabras, para no asustar a nadie, para ocultar la joroba que todos consideran asqueante. Cualquiera diría que un poema es un makeup completo. Sin embargo, es como un desagüe al que se acude cuando se vive y muere al mismo tiempo. Un compás desajustado es aquel que empuña el lápiz. Un enfermo desquiciado, creador de bellos mundos, es el escritor que inventa a través de un teclado. Hoy estoy escapando, sin miedo a ser juzgada, pues cualquiera que esto lea pensará que solo es arte, cuando en realidad es un grito horrible ...