Nada cambiará
Carajo, la noche está tan fría, como su corazón. Ahora solo siento una mezcla de desprecio con añoranza, qué pendejada. Me da risa la vida, una risa triste, de esa, que te da mientras llueve y se te va el bus. Que rico beberme el canelazo que hice y que el aguardiente me hiera las entrañas, mientras escucho a Chopin, pienso en mi gato, leo a Bukowski, y para mi ya eso es vida, Ya no tener ningún sueño ni esperanza ninguna expectativa más allá de acariciar el pelaje gris e ir al campo el fin de semana. Hiéreme las entrañas hasta desangrar el alma, apágame para siempre, porque alguien como yo no merece un mundo como este.