Necia Cenicienta

El más suave pétalo no se compara con su amor.

La calidez de su alma, casi cercana al dulce hogar del cual venimos.

Cuán entrañables son sus caricias y su voz, como melodía,

sumergida en su universo de ternura, refresque mis amores.


Pero este vestido tan roto, estas zapatillas perdidas, aquel carruaje sin caballos…

y yo, aquí, tan empolvada en miserias de un ayer sin nombre.


Con susurros o gritos atiendo sus llamados.

No sé existir en su mundo: mi nado rústico no encaja en aguas tan tranquilas.


Pero este amor vence mi orgullo, y con gusto me ahogo para asesinar mis cenizas.

Necia soy al negar, una vez más, la imposibilidad de mi alma.


En este absurdo frenesí espero sucumbir mis defensas;

que el Creador me renueve y que no quede nada

de mi necia Cenicienta.

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