Cuando escribo poesía, paso de ser una exagerada a una artista. Como válvula de escape, es este mundo de letras: voy y vengo en trenes de versos sin rima, sin orden, sin medidas. Mi alma extraña tiene un hogar cuando traduce su dolor a palabras bien articuladas. El rechazo es mi constante, hasta que con una pluma enfrento al mundo y su inconstancia. Paso días y piso letras cuando la fuerza me abandona. Quizá deba vivir así: estampando el horror de mi alma en lindas palabras, para no asustar a nadie, para ocultar la joroba que todos consideran asqueante. Cualquiera diría que un poema es un makeup completo. Sin embargo, es como un desagüe al que se acude cuando se vive y muere al mismo tiempo. Un compás desajustado es aquel que empuña el lápiz. Un enfermo desquiciado, creador de bellos mundos, es el escritor que inventa a través de un teclado. Hoy estoy escapando, sin miedo a ser juzgada, pues cualquiera que esto lea pensará que solo es arte, cuando en realidad es un grito horrible ...
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