Entradas

Mostrando entradas de junio, 2026

Abierta

 Madre, perdona mi existencia. He sido una ruin carga, como un saco de pus que duele profundamente. Solo aspiro a que, con mi adiós, tus heridas puedan dejar de doler. Como preciosa ave que pudo ascender al firmamento fuiste, hasta que mi nacimiento, como crudo derramado, manchó tu vida, quemando toda posibilidad de alegría. Si pudiera devolverte cada instante, lo haría. Padre, creo que he salido de tus vísceras. Asqueante y supurante, me arrastré a tu vida perfecta, manchándola de suciedad y terribles llagas. Entorpecí cada uno de tus pasos hasta llegar a este punto decrépito y perdido. La imposibilidad de remediar el daño ya causado me atormenta sin cesar. Toma mi vida en tus manos, si en algo podría compensar la maldad de mi respirar. El buen Señor del cielo no ha de reprenderlos si con mi vida deciden terminar, pues ¿cómo es que el buen Padre podría acusar a unas buenas almas si con la peste quieren terminar? No tengan miedo, pues yo también anhelo con esta agonía asfixiante te...

Hogar, triste hogar

 Las palabras brotan en borbotones. El tiempo acumuló el río de emociones, que, caudaloso y estruendoso, nació en mi interior, sin que pudiera contenerlo. El silencio parece ser la más cruel celda; sus rejas de agravio e indiferencia son más fuertes que cualquier hierro, y sus guardas están por doquier. Mis palabras parecen estar hechas de arsénico; mi existencia, similar a una enfermedad contagiosa. Mi cuarentena debe ser eterna; habitaré cerca del vacío, donde reine el secreto. Vagaré por la tierra como criatura sin nombre, sin habla, sin mente, sin pensamientos. Se ha hecho oneroso sentir o expresar, y mi pequeño refugio, sigiloso, se encuentra entre líneas.

Campo de flores

 El viento mece mi rama, la estremece, la agita. La comisura de sus labios se curva cruelmente, como si quisiera diluir la vista. El olor que hay en el aire es tan familiar que me asusta. Soy como un ave que ve cómo se avecina la desgracia, pero con las alas rotas no hay hacia dónde volar. Se repite incesantemente la historia; es como un absurdo bucle del que no sé escapar. Ahora todo se oscurece, y qué mejor que oscurezca, porque nunca pude existir en medio de la luz. La oscuridad es el hogar frío en el que puedo respirar, mientras que la luz que hay en mí existe nítida, cristalina, radiante, inmutable, eterna, perfectamente protegida. Pobre de mí, cuando creí que aventurarme en los campos de flores me haría sentir un cálido rayo de sol en el alma. No entendí el horror que provocaría en aquellos aparentemente bellos seres; mis ojos tan nublados nunca pudieron verlos. La vida, tan sabia y mesurada, siempre me advirtió, a través de su rechazo, que mi lugar estaba en la sombra, danza...