Caerse al abismo
La mañana se hace clara, en medio del frío y la fina lluvia que se escucha en el tejado, ya no existimos. El café se hace añorable para terminar de convencerme de que ésta es la nueva realidad, palabras cansadas, promesas rotas, la idoneidad del sentimiento, la simple fe de lo diferente: destruida, la posibilidad de tu amor: anulada. Todo se ha sumergido en una mentira y se ha subestimado por una existencia vacía.
La fragilidad de los sueños, el sillón helado, el engaño de las ilusiones, la blanca luz que proporciona el cielo nublado entrando por la ventana y tú tan lejos creyéndote tan cerca. El absurdo idilio de amor en que nos envuelve una nueva historia, donde en mí aún permanecía la visión de lo hermoso y así nos creí, mientras en ti el miedo y las decepciones pasadas te impiden alzar el vuelo.
Te dije “tengo miedo de lanzarme al abismo” y tú respondiste “nos lanzaremos juntos”, y cuando llegó el momento titubeaste… ahora mírame, desde arriba, estoy aquí después de la solitaria caída, caminando herida, las lágrimas me nublan la vista y entiendo que no pudiste amarme, que no puedes, porque contrario a lo que crees no estás listo.
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