Cuando te vi

 Las palabras brotan como mis lágrimas, ojalá todo fuera tan claro como para entenderlo, existiera una forma de ver los corazones y saberlo.

Un amor en el que yo sola deambulo, podría ser tan colorido si tomaras mi mano, podría ser tan fácil si vieras que no hay nada qué temer.

Te amo, con todo lo que eres, cada cualidad y defecto, todo lo que te duele y lo que te hace feliz, no importa cuán oscuro y terrible sea lo que te atormenta, yo quiero estar ahí. Si tan solo... si tan solo me dejaras estar, si fuera tan sencillo entender cuando me dejas entrar y cuando no quieres que esté, si pudieras decidir ver la grandeza de querer acompañarte en lo tenebroso, porque todos quisieran acompañarte en la luz y yo elijo todo, solo por estar contigo, si eso no es amor, entonces no sé qué lo es. 


Te vi sin mirarte, porque mi alma reconoció tu presencia, allí en las tinieblas de lo que nadie conoce, de lo que no podemos ver, sin mirarte, sin tocarte, solo estabas a mi lado y supe que te quería. Todo mi ser se sumergió en medio de la tormenta que significaba añorarte, tan tembloroso se acercó mi tacto a ti, como quien sabe que va a adentrarse en un terreno espinoso pero deseado, y pensé que no importaba si moría en el intento de amarte, porque no solamente mi alma estaba rota en la habitación, sino que la tuya sangraba.


Cómo negarte que deseo cada parte de tu ser, como un sediento, porque en tu mirada vi el amor, tan asustado, tan único, tan mezclado con el dolor y el huerto escabroso que lo rodeaba por tu aflicción, quise cruzarlo porque aunque yacía tu ternura en medio de los escombros, la vi donde la ocultaste, donde nadie supo sentirla, y nunca será tan pura como fue, nunca será tu alma cristalina como la primera vez que descubriste el amor, pero yo quise tu espinoso amor.

La pregunta final es: ¿por qué aún tienes miedo?


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