El laberinto de la corona (primera parte)
La tarde estaba oscura, el cielo grisáceo se cernía sobre nuestras cabezas, socavando las intenciones más pacientes que pudiéramos tener. De repente se escuchó una terrible, gruesa y gutural voz decir
-En los viejos cristales no se puede discernir el reflejo
Entonces miré a mi alrededor extasiado, viendo como solo yo, me había percatado de tan terrorífico acontecimiento. Puse las manos sobre mi cabeza, intentando estúpidamente protegerme, miré a la gente que pasaba a mi lado, me miraba con desdén, supe que debía irme de inmediato.
Caminé por las calles de ladrillos más degradados, buscando al viejo brujo del que me habían hablado meses atrás, vi a una joven mujer con pocas ropas, mientras fumaba un cigarrillo de colores exóticos, decidí preguntarle dónde encontrar al viejo, entonces al ver que mi deseo no era requerir sus servicios, hizo un gesto de fastidio, torció los ojos y dijo
-¿para qué lo busca?
-Necesito preguntarle si me estoy volviendo loco- respondí
Ella sonrió, me miró de arriba a abajo y contestó
-Yo creo que si lo busca, es porque en verdad está loco. En fin, él vive tres casas antes de finalizar aquella calle- mientras señalaba con el cigarrillo el callejón que estaba cruzando la calle.
Por algún motivo pasé saliva al ver el lugar al que me dirigía, su pesada energía me hacía sentir que las fuerzas huían de mi cuerpo...
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