El más suave pétalo no se compara con su amor. La calidez de su alma, casi cercana al dulce hogar del cual venimos. Cuán entrañables son sus caricias y su voz, como melodía, sumergida en su universo de ternura, refresque mis amores. Pero este vestido tan roto, estas zapatillas perdidas, aquel carruaje sin caballos… y yo, aquí, tan empolvada en miserias de un ayer sin nombre. Con susurros o gritos atiendo sus llamados. No sé existir en su mundo: mi nado rústico no encaja en aguas tan tranquilas. Pero este amor vence mi orgullo, y con gusto me ahogo para asesinar mis cenizas. Necia soy al negar, una vez más, la imposibilidad de mi alma. En este absurdo frenesí espero sucumbir mis defensas; que el Creador me renueve y que no quede nada de mi necia Cenicienta.
Cadavérica expresión, no he podido escapar de tus fauces. Entre sombras e hilos se mueve el mundo que nos rodea, y tú destrozas todas mis carnes sin ninguna contemplación. En la oscuridad sobreviví, añorando vanamente la humanidad, para salir a la luz. Oh, amada luz, llévame a vivir en tus tiernos dominios, porque este oxígeno pone en agonía cada célula. Dame nuevamente de tu paz y hazme rendir, para no existir más en este fatigoso traje. Soy fugaz, inferior a cualquier estrella del firmamento. Refrescante frío del sepulcro, rodéame y alivia mi ser. Deja que mi decrépita piel se pudra en tus brazos. Hazme soñar eternamente, lejos de aquí. Siempre pertenecí a ti, y ahora no soy más que una extranjera a quien nadie soporta mirar.
Si pudiera entregarte mi corazón, lo haría, para que camines con ese viejo traste y recuerdes, a veces, que alguien te amó. Pero así no me dolería tanto el pecho, porque no cargaría con este peso, este peso que me hace llorar, porque mis sueños me sepultaron. Qué bueno que juntos encontramos tantos cuentos; los seguiré viendo para creer que vivo en ellos, y cuando me sienta sola recordaré que Dios me dio tanto, solo para verme sonreír un día, sonreír de verdad. ¿Recuerdas que debías quererme para siempre? Porque, si no, me convertiría en espuma del mar. Entonces, si un día me extrañas, búscame allá, entre la espuma del mar. Seguro tendré miedo de flotar en esa inmensidad tan sola.
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