Nada cambiará
Carajo, la noche está tan fría, como su corazón.
Ahora solo siento
una mezcla de desprecio con añoranza,
qué pendejada.
Me da risa la vida,
una risa triste,
de esa, que te da mientras
llueve y se te va el bus.
Que rico beberme el canelazo que hice
y que el aguardiente me hiera las entrañas,
mientras escucho a Chopin,
pienso en mi gato,
leo a Bukowski,
y para mi ya eso es vida,
Ya no tener ningún sueño ni esperanza
ninguna expectativa
más allá de acariciar el pelaje gris
e ir al campo el fin de semana.
Hiéreme las entrañas
hasta desangrar el alma,
apágame para siempre,
porque alguien como yo
no merece un mundo como este.
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