El más suave pétalo no se compara con su amor. La calidez de su alma, casi cercana al dulce hogar del cual venimos. Cuán entrañables son sus caricias y su voz, como melodía, sumergida en su universo de ternura, refresque mis amores. Pero este vestido tan roto, estas zapatillas perdidas, aquel carruaje sin caballos… y yo, aquí, tan empolvada en miserias de un ayer sin nombre. Con susurros o gritos atiendo sus llamados. No sé existir en su mundo: mi nado rústico no encaja en aguas tan tranquilas. Pero este amor vence mi orgullo, y con gusto me ahogo para asesinar mis cenizas. Necia soy al negar, una vez más, la imposibilidad de mi alma. En este absurdo frenesí espero sucumbir mis defensas; que el Creador me renueve y que no quede nada de mi necia Cenicienta.
Cadavérica expresión, no he podido escapar de tus fauces. Entre sombras e hilos se mueve el mundo que nos rodea, y tú destrozas todas mis carnes sin ninguna contemplación. En la oscuridad sobreviví, añorando vanamente la humanidad, para salir a la luz. Oh, amada luz, llévame a vivir en tus tiernos dominios, porque este oxígeno pone en agonía cada célula. Dame nuevamente de tu paz y hazme rendir, para no existir más en este fatigoso traje. Soy fugaz, inferior a cualquier estrella del firmamento. Refrescante frío del sepulcro, rodéame y alivia mi ser. Deja que mi decrépita piel se pudra en tus brazos. Hazme soñar eternamente, lejos de aquí. Siempre pertenecí a ti, y ahora no soy más que una extranjera a quien nadie soporta mirar.
Cuando escribo poesía, paso de ser una exagerada a una artista. Como válvula de escape, es este mundo de letras: voy y vengo en trenes de versos sin rima, sin orden, sin medidas. Mi alma extraña tiene un hogar cuando traduce su dolor a palabras bien articuladas. El rechazo es mi constante, hasta que con una pluma enfrento al mundo y su inconstancia. Paso días y piso letras cuando la fuerza me abandona. Quizá deba vivir así: estampando el horror de mi alma en lindas palabras, para no asustar a nadie, para ocultar la joroba que todos consideran asqueante. Cualquiera diría que un poema es un makeup completo. Sin embargo, es como un desagüe al que se acude cuando se vive y muere al mismo tiempo. Un compás desajustado es aquel que empuña el lápiz. Un enfermo desquiciado, creador de bellos mundos, es el escritor que inventa a través de un teclado. Hoy estoy escapando, sin miedo a ser juzgada, pues cualquiera que esto lea pensará que solo es arte, cuando en realidad es un grito horrible ...
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