Nacimiento

En la lúgubre habitación, se reunen los cuervos a comer los desperdicios del amor, del temor, de la zozobra, emerge un ser alado de increible fuerza y belleza, la oscuridad de la noche flaquea antes sus impactantes alas negras, se cobija con ternura pues su cuerpo desnudo tiembla ante la banal niebla que rodea el campo santo, observa sus gélidas manos entre la penumbra que habita en su alma, se lamenta por ser quien es y a la vez es consciente de su original ser.

 ¿Puede que la luz tome su figura y la desintegre como en los viejos relatos? él no lo sabe, pero el amanecer lo espera, imponente y seguro de su triunfo, lentamente el sol asciende sobre las montañas, hasta coronarse por encima de las nubes y en un intento de huir de los rayos vibrantes, se tropieza cayendo inefable ante todo el poder del astro rey, para su sorpresa, la luz no lo quema, ni sucumbe ante la inescrutabilidad del diáfano albor, todo es paz y silencio, solo arboleda rompe suavemente la tranquilidad, con el pasar del gentil viento, nuestra extraña criatura se incorpora, observa a su alrededor los dormitorios eternos de los santos, que en paz descansen, y se pregunta si existe un lugar que pueda ocupar.

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