Abstinencia
Mi amado y enmascarado puñal,
uno a uno, tus pétalos caen,
dejando al descubierto, lentamente,
el filo de tu reluciente metal letal.
Soporto la profundidad de tu herida
como la más valiente guerrera.
¿Por qué solo soy capaz de ver la laceración,
cuando la triste carmesí se derrama?
No percibo el ácido olor de tu proximidad
el dulce embrujo que nace de tu boca,
te pone ante mis ojos como inofensiva rosa
cuyas espinas no dolerán más allá.
Agonizante, después de tu golpe certero,
la última gota se derrama de nuestro cáliz,
mientras tú ríes, te discierno en la oscuridad,
mis párpados dan su último abrazo
La muerte me arrulla en sus fríos brazos de descanso.
Quédate celebrando, sonríe hasta el final,
has logrado finalizar el aliento
de quién vio tu metal brillar y como rosa te quiso mirar.
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