Abierta
Madre, perdona mi existencia.
He sido una ruin carga,
como un saco de pus que duele profundamente.
Solo aspiro a que, con mi adiós,
tus heridas puedan dejar de doler.
Como preciosa ave que pudo ascender al firmamento fuiste,
hasta que mi nacimiento, como crudo derramado, manchó tu vida,
quemando toda posibilidad de alegría.
Si pudiera devolverte cada instante, lo haría.
Padre, creo que he salido de tus vísceras.
Asqueante y supurante, me arrastré a tu vida perfecta,
manchándola de suciedad y terribles llagas.
Entorpecí cada uno de tus pasos
hasta llegar a este punto decrépito y perdido.
La imposibilidad de remediar el daño ya causado
me atormenta sin cesar.
Toma mi vida en tus manos,
si en algo podría compensar
la maldad de mi respirar.
El buen Señor del cielo no ha de reprenderlos
si con mi vida deciden terminar,
pues ¿cómo es que el buen Padre podría acusar
a unas buenas almas
si con la peste quieren terminar?
No tengan miedo,
pues yo también anhelo
con esta agonía asfixiante terminar.
Comentarios
Publicar un comentario